En la mayor parte de los países, las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de participar en el mercado laboral, es decir, de estar empleadas o buscar activamente un trabajo. 

El empleo se define como la participación en una actividad económica, que a su vez abarca toda la producción del mercado (trabajo remunerado) y ciertos tipos de producción no relacionados con el mercado (trabajo no remunerado), incluida la producción de bienes para uso propio. Se excluyen las tareas domésticas en el propio hogar, tales como cocinar, limpiar o cuidar a niños o miembros ancianos de la familia. Las tasas de participación en la fuerza laboral se definen como el número de personas activas en la población adulta (15-64 años o 15 años o mayor).

Como muestra el gráfico siguiente, las tasas de participación femenina tienden a seguir una forma en U con respecto al nivel de desarrollo de los países. La participación femenina en el empleo es alta y la brecha de género baja en muchas naciones de ingreso bajo, en las que las mujeres se dedican a la agricultura de subsistencia no remunerada, aunque participan menos en actividades remuneradas fuera del hogar. Las mujeres también suelen ser activas en los países de ingreso alto, en los que más de dos tercios de la población adulta femenina participa en el mercado laboral y la brecha de género en las tasas de participación es inferior al 15% en promedio. Esto ocurre especialmente en naciones con una amplia cobertura de protección social y sociedades en las que el empleo de tiempo parcial es posible y aceptado. En cambio, las tasas de participación masculina son bastante estables a través de los países en los diferentes grupos de ingreso.

Tasas de participación femenina varían ampliamente en las regiones en desarrollo

En los países en desarrollo, los patrones promedio de participación femenina en la fuerza laboral son menos uniformes, y van de un mínimo del 21% en Oriente Medio y Norte de África en 2010, a un máximo del 71% en Asia oriental y el Pacífico. Las brechas de género en la participación laboral son también las más altas en Oriente Medio y Norte de África y Asia meridional, donde las tasas de participación masculina exceden a las femeninas en más de 50 puntos porcentuales.

Mujeres tienen más probabilidades de trabajar en empleos vulnerables en Asia meridional y Oriente Medio y Norte de África

Las bajas tasas de participación de las mujeres en estas regiones se combinan con los puestos de trabajo vulnerables  para quienes están empleadas. El empleo vulnerable se define como la proporción de trabajadores que realizan trabajos familiares no remunerados y por cuenta propia como un porcentaje del empleo total. Aunque la proporción de hombres y mujeres que laboran en trabajos vulnerables es casi igual en Europa y Asia central, y América Latina y el Caribe, las brechas de género promedio van de 8 a 15 puntos porcentuales en Oriente Medio y Norte de África, y Asia meridional.

Tendencias muestran reducción de brechas de género en algunas regiones, y aumento de disparidades en otras

De 1990 a 2010, el coeficiente entre participación femenina y masculina en la fuerza de trabajo muestra tendencias heterogéneas en las diferentes regiones de los países en desarrollo. Las tasas de participación femenina en América Latina y el Caribe registran los mayores avances, con un aumento de 18 puntos porcentuales en los últimos dos decenios, aunque la brecha sigue siendo grande: solo dos tercios de las tasas de participación de los hombres. También se produjeron algunas mejoras en África al sur del Sahara (incremento de 8 puntos porcentuales) y Oriente Medio y Norte de África (aumento de 3 puntos porcentuales).

Por otro lado, en Asia meridional hubo un leve incremento de la brecha de género en la participación (baja de 3 puntos porcentuales) así como también en Asia oriental y el Pacífico, y Europa y Asia central  (caída de1 punto porcentual en ambas regiones).

Estas tendencias de la fuerza laboral contrastan con otros cambios económicos y sociales que se espera que aumenten el acceso de las mujeres a los mercados de trabajo. Las mujeres en los países de ingreso bajo y mediano han experimentado mejoras significativas en los indicadores de capital humano: estudian y viven más tiempo, tienen menos hijos y los partos son más seguros. Estos avances solo se reflejan en modificaciones mínimas en la proporción de las tasas generales de participación femenina en la fuerza laboral.

Países de ingreso bajo y mediano, 1990-2010
Indicadores de capital humano 1990 1995 2000 2005 2010
Esperanza de vida al nacer, mujeres (años) 65 66 67 68 70 
Tasa de fertilidad, total (nacimientos por cada mujer) 4 3 3 3
Tasa de mortalidad materna (estimada mediante
modelos, por cada 100.000 nacidos vivos)
440 400 350 290 230 
Proporción de inscripciones de mujeres con
respecto a hombres en la educación primaria (%)
    92 95 97
Proporción de inscripciones de mujeres con respecto
a hombres en la educación secundaria (%)
    90 94 96
Tasa de alfabetización, mujeres jóvenes
(% de mujeres entre 15 y 24 años)
76   82   86
Brecha de género en participación en fuerza laboral          
Proporción de participación de mujeres con
respecto a hombres en la fuerza laboral (%)
67 68 68 69 68 

¿Cómo y cuándo las políticas pueden ayudar a las mujeres que desean entrar en el mercado laboral?

Las evidencias divergentes sugieren que las intervenciones deben alcanzar un equilibrio entre la protección de las mujeres y la reducción de los costos de la oportunidad de participar, sin exacerbar aún más la segregación de los mercados laborales. Los países deben garantizar el seguimiento y la evaluación de políticas activas sobre el mercado laboral para entender cuáles funcionan para las mujeres y cuáles no.

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